Detrás de todo este espectáculo de palabras, tiembla indeciblemente la esperanza de que me leas,
de que no haya muerto del todo en tu memoria...

enero 29, 2011

Ojalá que no puedas ni besarla en la boca. Y al mirarla a los ojos que sospeche que hay otra, que la arranca a tu vida lo que ella no puede. Que le arranca a tu sangre lo que no se atreve. Ojalá que no puedas destapar la botella, de tu vino caliente cuando duermas con ella. Estoy harta del trueque de la hipocresía, que despierten sus pieles pensando en la mía. Ojalá que no puedas hacer lo que hacías conmigo, cabalgando en mi vientre te quedabas dormido. Y en tu boca dejaba mi tibio candor y en la mía, quedaba tu loco sudor. Ojalá, ojalá que no puedas, tengo celos de amante porque sé que en tu cama soy lo más importante. Ella se hace la tonta porque le conviene, se alimenta conmigo sino no te tiene. Ojalá que no puedas hacerle el amor cuando duermas con ella. Ojalá que no puedas hacer que tu piel se agigante de sueños. Que se muera de ganas, que no tenga consuelo. Que le sangren las manos si acaricia tu piel o acaricia tu pelo. Que se muera de ganas.


No sé si reirme o qué, pero él volvió a mandarme mensajes. ¿Qué pretende? Ya no lo quiero.
¿Se habrá dado cuenta que el chiche nuevo no supera al viejo y por eso volvió? Já.
Esto siento, más o menos, y por esto mismo muero.