Porque ayer no lo hicimos,
porque mañana es tarde.
Ahora.
Detrás de todo este espectáculo de palabras, tiembla indeciblemente la esperanza de que me leas,
de que no haya muerto del todo en tu memoria...
Éramos tan sólo una ilusión... Porque era más fácil que la realidad: Sin compromisos ni responsabilidades, sin toma de decisiones ni decepciones, un sin fin de sueños y esperanzas. Éramos la huida. Éramos el hombro que necesitábamos cuando, en el mundo real, las cosas no estaban bien. Éramos palabras escritas en papel. Éramos fantasías imposibles de realizar. Éramos imaginación, momentos inexistentes tan ansiados. Éramos colores pintados en el gris de la ciudad. Éramos niños jugando al amor imposible. Éramos invisibles, intocables. Éramos. Hasta que un día, inevitablemente, la realidad golpeó nuestra puerta. Nos sacudió la cabeza, ensordeció los oídos y abrió nuestros ojos. Nos vimos, pero no éramos nosotros. Nos oímos, pero apenas podíamos soportar el sonido de nuestras voces. No eras quien yo creía, ni yo era lo que tanto esperabas. Y allí nos dimos cuenta, sin sorpresa alguna, que éramos un invento. Sólo nos necesitábamos para escapar de la realidad, no para vivir en ella.
El tiempo vuela cuando nos divertimos, escuché decir por ahí, pero si todo lo que fui, fue sólo diversión; entonces, cariño, dejame ir. No quiero estar en tu camino. No quiero ser tu segunda opción. No quiero ser sólo tu amigo.
Requiero mucha atención. Y no seré la segunda de nadie, estés casado o no. Si querés estar conmigo, está conmigo. Muchos hombres creen que soy un concepto, que los completo o que los haré sentir vivos... Sólo soy una chica alterada que busca la paz mental.
De todo dudo. De todo. Escribo cada palabra, cada pensamiento, cada elección que hago y todo me lleva a la duda de todo lo que hago. ¿Qué tiene de malo dudar? Todo el mundo duda. Yo también.
La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar "superado". Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.