Ibas al compás de la música que escuchaba,
sin siquiera saber que yo estaba pasando por allí.
Detrás de todo este espectáculo de palabras, tiembla indeciblemente la esperanza de que me leas,
de que no haya muerto del todo en tu memoria...
El tiempo vuela cuando nos divertimos, escuché decir por ahí, pero si todo lo que fui, fue sólo diversión; entonces, cariño, dejame ir. No quiero estar en tu camino. No quiero ser tu segunda opción. No quiero ser sólo tu amigo.
Requiero mucha atención. Y no seré la segunda de nadie, estés casado o no. Si querés estar conmigo, está conmigo. Muchos hombres creen que soy un concepto, que los completo o que los haré sentir vivos... Sólo soy una chica alterada que busca la paz mental.
De todo dudo. De todo. Escribo cada palabra, cada pensamiento, cada elección que hago y todo me lleva a la duda de todo lo que hago. ¿Qué tiene de malo dudar? Todo el mundo duda. Yo también.
La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar "superado". Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
"¿Sabes lo que me estaba diciendo a mí mismo aquí hace unos momentos? Me decía que aún si perdiera la fe en la vida, en la mujer amada y en el orden de las cosas, y aún si me convenciera de que todo es un caos maldito y, quizá, satánico, aunque me fulminaran todos los horrores de la desilusión humana, a pesar de todo, desearía vivir…"
Hago balance y repaso viejas fotos. Ya no soy aquella muchacha con relámpagos en los ojos. Conservo miedos por los que aún debo cantar. Aún siento el vértigo helado al echar la vista atrás. Aún me emocionan viejas luchas, el “No pasarán”. Me duele América. Amo viajar. Sueño y milito en tu risa, en la amistad. Leo tebeos. Odio madrugar. Aún creo en la utopía y no soy la mejor mujer. Reconozco que me cansa dar siempre explicaciones. Quiero que sepas que, aunque arrastro mis fracasos, si quieres contar conmigo, aún guardo fuego en mis manos. He aprendido a hacer maletas y a comer sola. A reparar espejos rotos. Sé del tesoro de las cosas más pequeñas, no siempre sé lo que tiene urgencia. Hago balance. Queda todo por hacer. Si tú quieres te acompaño. No soy más que lo que ves.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, extrañarás inmensamente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado. Y aprendés que hay tres momentos en la vida que uno no puede remediar: La oportunidad que dejaste pasar, la cita a la que no asististe y la ofensa que ya pronunciaste.