If I could choose I'd have you stay
But I gave my heart to you and it's yours to break
Before my fears tear us apart
Won't you follow me into the dark.Detrás de todo este espectáculo de palabras, tiembla indeciblemente la esperanza de que me leas,
de que no haya muerto del todo en tu memoria...
Qué difícil es cargar con mi peor enemigo a cuestas. Viviendo de preguntas donde no hay respuestas. ¿Qué voy a hacer conmigo? Solidario corruptor de mis momentos plácidos. Canalla inventor de mis tragedias épicas.

Mírame, en nada me consigo concentrar. Ando despistada, todo lo hago mal, soy un desastre y no sé qué está pasando. Me gustas a rabiar, te deseo, me llegas a desesperar. Es tan grande lo que siento por ti, que tenerte no bastará. Qué esto que me invita a vivir, que me da la ilusión. Qué será esa fuerza que a todos nos une de dos en dos, será la fuerza del corazón. Hace que, te abrace y los cuerpos lleguen a estorbar. Tiemblo sólo con la idea de rozar tus labios llenos de besos nuevos. Y es la fuerza que te lleva, que te empuja y que te llena, que te arrastra y que te acerca a dios. Es un sentimiento, casi una obsesión. Es algo que te envía una descarga de energía que te va quitando la razón, te hace tropezar, te crea confusión, seguro que es la fuerza del corazón.

Ahora que tengo esta oportunidad, a tí, mi amor, te quiero regalar esta canción, mi voz, mi vida entera. Y ahora te canto y quiero agradecer, para que nunca dejes de entender: Caminaba sola, sin mirar atrás, y ahora entre tus brazos he empezado a despertar. Yendo de tu mano he empezado a sentir que la vida me sonríe, y muero por vivir junto a tí.

La Muerte se ríe en mi cara, escupe mis zapatos y me patea el trasero. Pero nunca concreta lo que vino a hacer. Simplemente se burla, con ansias de que sea mi hora. Lástima que ésta no ha llegado, aún. Se presenta, la muy astuta, con afanes de asustar. Se alimenta del miedo eterno, vive de almas condenadas. Quiere tenerme en su colección. Sin embargo, la muy ingenua, no sabe de lo que soy capaz. ¡No tengo miedo! -Le digo a gritos una y otra vez-. Humillada, decepcionada, se desvanece, esperando el día en que volvamos a encontrarnos. Ambas sabemos que al final de cuentas, ella siempre gana. No por ello debo perder mi dignidad, ni mis ganas de vivir. Anoche marcó en mi frente, con su hoz, un número; el cual no llegué a divisar. No quedó rastro alguno, sólo un ardor insoportable que me recuerda que la Muerte está vigilándome en cada esquina. A cada uno de nosotros...